...y finalmente lloré...
Sólo tres lagrimitas tímidas se aventaron del precipicio de los párpados en un impulso de locura
...y yo que creía que las lágrimas eran más valientes...
Era un domingo, caminaba por una calle llena de gente, de olor a café y pizza, con aparadores brillantes y coloridos, algunas personas reían o hablaban por teléfono, unas cuantas no mostraban ninguna expresión y de pronto, entre la multitud, apareció un señor con bastantes años encima, una cálida sonrisa y un letrero que decía: "Gracias por sonreír".Al instante le dediqué una de mis mejores sonrisas y me pregunté si sería posible que alguien pasara todos y cada uno de sus días ahí de pie, viviendo simplemente de sonrisas.Detuve mi mirada en la sonrisa de aquel hombre y me convencí de que las sonrisas pueden ser el mejor alimento para el alma.